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Mercadillo de agosto

Con sol o barruciando los mercadillos hacen su agosto particular por los pueblos de España. Son muy diferentes de los de invierno, relucen las gafas de sol de plastiquillo y las camisetas de Mike, jaket, La Madrina y Polo Rafa Laurent. No faltan las cebollas, cebolletas y patatas del terreno. El puesto de quesos y cecina de León, el artesano que hace piezas de barro, los de bragas y calcetines de deporte al por mayor…

Pero el mas solicitado es el puesto de chuches y frutos secos, se esconde al final del mercadillo, junto a los soportales de la iglesia, en el sitio más fresquito. El dueño del puesto es un sosias de Jorge Javier Vázquez y con una sonrisa y mucho esmero despacha anacardos y pistachos, gummys y caramelos de mentolín. Últimamente trae bonito en migas y trozos, empanada gallega y pan de leña, además ofrece unos espárragos cojonudos, la etiqueta reza “producto de China”.

Junto a él un hombre enjuto, pequeñito y muy moreno vende calzado. Tiene pisacacas de dos colores, las victorias sin cordón, y esas de loneta con el empeine de rejilla que tanto usan los de la braña. A su lado una gitana tiene un puesto de esos con laberinto de perchas y todo a 5€. La gente deambula pero parece que nadie compra, no debe ser así, porque por algo se mueven de pueblo en pueblo. En frente un puesto de verduras tiene un montón de señoras peleando por saber quien da la vez. Una muy morena y con pinta de rica venida a menos, se horroriza con el precio de las judías verdes, y aprovecha un despiste del frutero para engullir dos picotas. Al deshacerse del hueso, le comenta a una mujer mayor con pinta de ser su suegra, “no valen nada”

Hay un señor con una aureola de moscas, que vende cucharas viejas de plata y otros restos de algunas casas antiguas. Nunca se sabrá si es un chamarilero o un raterillo en sus horas más bajas. Tampoco creo que venda nada, seguro que menos que un par de negros muy altos que tienen un puesto de imitación de bolsos y artículos de lujo. Todos son falsos, pero muchas mari’s compran encantadas esos bolsos llenos de logotipos de CH y del símbolo de LV.

Después de comprar una bolsa de avellanas, la mujer que vende fabas y arvejos me sonríe y ofrece sus productos. La fabe tiene buena cara, seguramente es de las primeras, los guisantes andan más tiesos. No compro, es un puesto claramente para extraños, me pide 14 por kg.

Como siempre en estas tierras, en directo a la playa, con el maletero lleno de verduras para la semana. Se que a la vuelta el coche olerá a puerros y centellas, pero es así.

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5 comentarios
  1. Tito dijo:

    Me ha gustado mucho este. Es rápido y divertido. enhorabuena

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    • Gracias Tito. Lo peor es cuando el del puesto de chuches te pregunta: Que te pongo? (Acento gallego) Uno piensa, no me pones nada…

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  2. nieves dijo:

    Los mercadillos siempre me han encantado, aunque no compre demasiado me gusta visitarlos. Has tenido una buena idea con este tema refrescante y veranigo. Está muy bien.

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