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¡Al suelo que vienen los míos!

La política no es un oficio sencillo.

Si a las dificultades habituales, como las agujetas de mandíbula por excesos de sonrisas, los plenos interminables, el pelotilleo insostenible o el cochino del jefe que se hurga en la oreja mientras valora el plan general…, a estas dificultades, hay que unirles el descrédito total de la clase política, lo sórdido de algunas actuaciones, la exposición pública e incluso el riesgo de llevarte una bofetada…

Ésto  es así, y peor.

Después de 20 años conociendo y “disfrutando” ese mundo, lo peor, sin ningún género de dudas son los “compañeros”, y hoy va de comillas. Por eso el título de ¡Al suelo que vienen los míos!” , porque lo peor, son los propios.

Recuerdo la gente que conocí al principio, había de todo, de todo menos amigos. Creo que gente que yo pueda llamar así todavía, una, o dos… Y es terrible, porque es idéntica la sensación de soledad cuando estás arriba, que cuando caes. Hay cosas que echo de menos, pocas, pero las hay. No hablaré de ello, porque de ello no quiero hablar. Una cosa, las conspiraciones. Maravillosas conspiraciones. Eternas conspiraciones. Indispensables conspiraciones. Recuerdo un bar que llegó a tener un nombre próximo. Conspiraciones, divinas conspiraciones. Me encantaban las cervezas, las charlas interminables, paquetes y paquetes, y ese cosquilleo…

Siempre había alguien en el entorno que estaba deseando traicionarte, y viceversa. “Lo importante es no dejar heridos en el camino”. Qué mala leche tenía aquel tío! Y qué cierto.

Hoy, desde aquí, echo de menos las conspiraciones. Del resto, nada. Sólo se, que si mañana volviera, ganaría. Y que alguien gritaría: Al suelo que vienen los míos!

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8 comentarios
  1. Tito dijo:

    Lo poco que he visto en política, es a pocos capaces y muchos audaces…

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  2. juanma dijo:

    Siempre pensare lo mismo de los politicos , son tan necesarios como absolutamente prescindibles ,sean del color que sean

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  3. Alfredo dijo:

    Muy acertado, pero los “compañeros” no solo están en la política, están en clase, en el trabajo, en tu grupo de allegados, en los padres del colegio, en tu comunidad de vecinos, … Aprendí más de lo hubiese querido, y más rápido, durante tres años de internado a una edad muy temprana, y desde entonces la vida me ha hecho escéptico. No vale con que alguien sea de mi misma ideología, colegio, religión, estatus social, equipo de fútbol, comparta aficiones deportivas, etc. Aquí el grado de “compañero”, o mejor aún, “amigo”, hay que ganárselo. Si esperas muy poco de los que no han alcanzado esa distinción, no te llevarás desengaños a la hora de la verdad.

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      • Alfredo dijo:

        … y lo mejor de todo es que para ganarse la medalla, no hace falta ninguna heroicidad. Son detalles pequeños, o cosas insignificantes las que fraguan las relaciones y unen a las personas para siempre. AMEN.

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      • Y que bien nos iría si lo comprendiéramos así. Tu siempre aportando. Gracias!

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