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Así te cato, así te trato.

La percepción es una variable difícil de controlar, quizá imposible, pero es medianamente manejable. Con constancia y valores podemos transmitir una imagen determinada y gracias a ello mejorar la impresión que los demás tienen de nosotros. El refrán de así te cato, así te trato refleja como la imagen, la primera impresión, la sensación que damos es determinante de cara a la actitud de los demás. Quizá esto se queda en un aspecto externo, y ya se que que la belleza está en el interior…. Quizá suena superficial, frívolo o qué se yo, pero desgraciadamente es cierto. Nuestro aspecto, indumentaria, aseo, olor… marcan la respuesta del entorno.

Todo esto va, porque nos fijamos mucho en nuestro aspecto exterior, y tenemos el resto del relleno hecho unos zorros, posiblemente si nos vieran se darían cuenta de lo feos que somos, o de lo grises que estamos. No es que esté dando ahora la pesimista por respuesta, sino que debemos tratar de encontrar un equilibrio.

En el libro de “La catedral del mar” de Ildefonso Falcones, hay una escena que ejemplifica cómo en una ciudad Cosmopolita, en la que los ciudadanos visten elegantes ropajes y deambulan ocupados, entre ellos pasea uno de los que fueran sus iguales días antes, y ahora desposeído de todo por un señor feudal, un ser cruel, avaricioso e imisericorde.

Bernat ha tenido que huir, abandonar su casa, sus tierras, su ganado y posesiones, incluso a su mujer, todo por proteger a su hijo. Ha sufrido todo tipo de humillaciones y el escarnio público, abuso de poder y la violación de su intimidad. Finalmente huye con su hijo, lo halla moribundo, abandonado a su suerte por el señor feudal. Consigue llegar a Barcelona, a casa de su hermana, donde le confunden con alguien que viene a pedir, por su aspecto, luego creen que es otro de los hermanos de su cuñado, una banda de gorrones sin escrúpulos a los que el marido de su hermana ha negado toda ayuda. Guiamona escucha la historia de su hermano con lágrimas en los ojos, y se siente dolorida por cómo ha sufrido su hermano. Además se da la circunstancia de que Bernat ayudó a su hermana, doblando su dote que no era lícito, para que su cuñado pudiera estudiar como maestro alfarero. Finalmente le acogen y protegen por “el qué dirán”, no porque Grau crea que deba proteger a un fugitivo.

El fugitivo consigue reconducir su vida y su hijo, el bebé desnutrido, acabará construyendo “la catedral del mar”

Nuestra percepción de la vida, y lo que los demás perciben, son manejables, aunque no plenamente controlables. A todos nos gusta que nos traten bien, pero hemos de ser conscientes de que esa primera impresión es clave, si es buena, la empatía viene sola.

Desde pequeño, mi abuelo Santiago y mis padres me concienciaron de la importancia de la imagen, del así te cato, así te trato; por tu aspecto te catalogo. Y de que había que cuidar la ropa, sobre todo la de los domingos, y usarla sólo para eso, que “el que mucho dominguea, en la Pascua lo desea”, además mi abuelo Paco era un gentleman, con sombrero de ala ancha y abrigo cruzado, recuerdo perfectamente el olor de su colonia mezclada con el primer pitillo de la mañana.

Mucho aprendí de ellos, y ahora me paso el día persiguiendo a Jaime para que se meta el polo por dentro del pantalón, a Lucía para que se peine o que no vaya descalza, y a Carmen, bueno a Carmen no hace falta aún. Me preocupo por esas tonterías porque se que por dentro son preciosos.

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1 comentario
  1. Alfredo dijo:

    Como siempre, estoy contigo, pero con matizaciones. Todo nos entra primero por la vista, y lo que hay que conseguir es que después esa primera impresión no defraude. Es decir, que la tarta que parecía estupenda en el escaparate, en la boca sea una delicia. Poner buena apariencia a algo o a alguien es sencillo. Que nuestros hijos (en el sentido de toda la vida de la palabra en masculino, que es la que me han enseñado, y cuando la escucho dentro de un contexto no soy tan obtuso que pienso sólo en masculino) no se metan el polo por dentro (si, yo tengo la misma lucha) porque lo dice papá, sino porque entiendan y comprendan por qué hay que hacerlo. El problema de hoy en día, es que el “así te cato, así te trato” está a la orden del día, y aparentar es muy fácil. Cuánta gente guapa, superarreglada y supermona me he cruzado, y cuánta de ese gente ha terminado defraudando. Y al contrario también, cuánta gente desaliñada hay que luego son estupendas personas. Creo que estos últimos tienen más arreglo que los primeros. Por eso, no desespero si van un poco desastres, pero sí lo hago si me salen maleducados, respondones, irrespetuosos, o vagos.

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