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Carta abierta a una orientadora

    Hola, soy un chico de 40 años, tu fuiste mi orientadora, y te escribo para contarte, que pese a todo, pese a tus esfuerzos he llegado.

    Y digo pese a tus esfuerzos, porque te empeñaste desde que yo era bien pequeño en estigmatizarme, en poner nombres raros a determinados gestos que hacía, incluso cuando era tan pequeñito que algunos de los más eminentes psicólogos, psiquiatras, neurólogos y demás profesionales insisten que a tan temprana edad es imposible diagnosticar.

    Te dedicaste a etiquetarme, a observarme detrás de las puertas, a llenar una carpeta de papeles que no decían nada, papeles que ni siquiera tu entendías.

    Las etiquetas en la vida son peligrosas, si no sabes despegarlas molestan, si son muy rígidas raspan y no hay ninguna lo suficientemente completa que diga toda la verdad. Cuando a un niño se le pone una etiqueta, y no es la de “es el número uno” o “menudo atleta”, se crea en torno a él un ambiente diferente, hostil, poco adecuado para el hipotético caso en el que el niño realmente tenga algún problema.

    Querida orientadora, créeme que hoy puedo ir con la cabeza alta, tengo una maravillosa familia, un empleo, reconocimiento personal y orgullo profesional. Lo triste es que no se si el resto de niños que seleccionaste con aquellos ojazos se salvaron igual que yo, o si conseguiste que les dieran la pastillita, porque así a ellos les iría mejor. Puede que haya sido así, pero puede que no, puede que desde entonces muchos de ellos no duerman bien, que hayan perdido el apetito, o simplemente se les haya quedado cara de estar en Babia.

    El Colegio, no era consciente del daño que los falsos profesionales, sobornados por la industria farmacéutica hacéis a los niños. Les dijiste a mis padres que yo silabeaba al leer, yo ingería un libro por semana con sólo 8 años. Les dijiste a mis padres que tenía dificultades de cálculo, cuando hacía operaciones complicadas para mi edad, de cabeza claro. Les dijiste a mis padres que tenía un importante descenso del rendimiento académico, y luego sacaba ochos y sietes, y en religión diez.

    El colegio tiene que ser consciente de que si tiene un departamento de orientación es para orientar, no para des. Y que no es una plaza vitalicia, que se puede renovar personal y profesionalmente. Que siendo un tema tan delicado, que siendo unos clientes tan frágiles, hay que tratarlos con cuidado extremo.

    Reconozco que a menudo no me sentaba bien en la silla, que no estaba bien pelear, pero tu error fue no darte cuenta de que éramos niños, que hacíamos cosas de niños. Tiene gracia que nadie se atraviese a juzgarme, tuve un tutor, que llevaba abrigo de pieles, pelo afro y tenía un coche verde manzana.

    Estuve yendo al psicólogo con mis padres. Aquel tipo me resultaba divertido y aprendía cosas con él. Después de la primera sesión mi padre me preguntó qué me había parecido, que si había aprendido algo, y le dije que si, que no tenía que hacer cosas que no me aportaban nada. Recuerdo que mi padre me miró con orgullo y ambos supimos que superaríamos aquello juntos, como siempre, como hemos hecho todo en la vida, juntos y en familia.

    Yo tuve suerte con mis padres, ellos se esforzaron por mi, por todos. Lo primero éramos nosotros, y el esfuerzo se que mereció la pena. Mis padres tuvieron suerte con los suyos, y esos valores no se aprenden en el colegio, se aprenden el la vida, en casa, en el día a día.

    Querida desorientadora, no sirve, no es suficiente, no te ampares en que aprobaste una carrera, o en si tienes un máster, o tres. Prefiero presumir de que soy un tío de una pieza, que soy buena gente, que ayudo y aporto.

    Hoy, gracias a Dios eres un recuerdo Solamente.

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9 comentarios
  1. Juan dijo:

    Pues te orientó bien para el mundo de ahí fuera y mal para ella porque después de tantos años aún te has revuelto!… Qué bueno es tenerlo tan claro y poder decirlo tan alto!

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    • Esos personajes siguen entre nosotros, en cualquier colegio, y muchos de nuestros hijos los sufren. Para ellos, para nosotros, para mi, para todos.

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  2. Alfredo dijo:

    Pues contigo debieron de empezar a hacer los experimentos, porque somos más o menos de la misma quinta, y en mis tiempos si uno era movido, era un travieso, como todos los niños, y punto; si no atendía, era un soñador, y ya se le pasaría; si iba retrasado, pues era un zote, como tantos otros, y a clases particulares;…
    Lo que pasa es que hoy en día pensamos que las cosas tienen que ser como dicen los supuestos estudiosos. Somos víctimas de la estadística y de los límites. Y ¿dónde está el límite, la separación entre lo normal y lo anormal?
    Alucino cada vez que algún amigo/a me dice que a su retoño le han diagnosticado algún tipo de transtorno de moda, sobre todo, cuando conoces bien al pobre en cuestión, y es ves que es de lo más normal.
    Si cojo los test que me hicieron, me parto de la risa. Resulta que iba para militar o cura.
    Pero bueno, reconoce que un poco rarito eres, ¿no? 🙂

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    • Lo de rarito, hecho!

      Por otro lado, no se qué fecha tiene la carta, si es de hoy, o está escrita hace o dentro de 30 años…

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  3. nieves dijo:

    Es muy importante ser un padre consciente y preocupado por sus hijos, lo que te defenderá de caer en manos de embaucadores. Si no encuentran alguna rareza, ¿cómo justifican el sueldo que ganan? La verdad es que pueden hacer polvo a una familia si los padres, que conocen mejor que nadie a sus hijos, se dejan llevar….. Adelante.

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  4. Nacho dijo:

    Yo conocí aquel niño…
    Fui su amigo…
    Crecí con él…
    Y efectivamente, éramos iguales!
    Todos éramos iguales!
    Y lo seguimos siendo!
    Sólo atisbo con el tiempo una diferencia…
    No fue fácil salir adelante, no es fácil hacerlo para nadie…
    Pero si es bonito mirar atrás y sonreír…
    Al ver los logros conseguidos…
    Las metas cumplidas…
    Las dificultades superadas…

    Hoy tenemos familia, hijos maravillosos que ocupan nuestro lugar de entonces…
    y a pesar de la etiqueta que yo no tuve,
    has llegado al mismo punto y hoy nos encontramos…
    Otra vez con la diferencia de haber demostrado que eres mucho más capaz que los demás!
    Mucho más capaz que yo…
    Enhorabuena, orgulloso de tu amistad…
    Seguiré aprendiendo de ti! Siempre.
    Porque los niños como tú son los que mueven el mundo!

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    • “Esperanza de cielo tanto alcanza cuanto espera”

      Tanto lujo y tan bueno. Tan amigo, tan buenos recuerdos. Tan fuertes como tiernos. Doy gracias al tiempo, que te ha conservado a ti amigo, que ya te echaba de menos.

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