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Tengo que dejarte ir…

Así es. Creo que después de más de tres años, tengo que dejarte ir. Todavía no puedo pensar en ti sin emocionarme, ahora mismo me cuesta tragar tengo un nudo en la garganta.

Mi mejor amigo, nunca me pediste nada y me lo diste todo, siempre a mi lado, siempre.

Llegaste a casa, tan pequeño, tan rubio como el oro, y amoroso como el perrito del papel. Al principio podías parecer un capricho de pijo indolente, al poco tiempo te ganaste tu sitio en la familia, por tu carácter, tu cariño y tu elegancia. Siempre elegante, el más elegante, un Marqués. Se que la nobleza últimamente está en horas bajas, pero tu tenías el porte de los que tienen la clase dentro.

Los que no hayan tenido perro, que no lean más, desde aquí no entenderán nada y pensarán que estoy de la olla, y esa duda ya la tenéis disipada.

Billy era mi tercer perro, mi tercer Billy. El primero fue una cría de mastín español espectacular. Lo encontré con mis hermanos en el campo, lo cuidamos unos días y luego se lo llevaron unos señores de un criadero, unos desalmados habían robado y abandonado a su suerte a las crías que no pudieron cargar. Todo el mundo sabía que teníamos a Billy, el bicho era un espectáculo.

El segundo era un pastor alemán, no puro, mezclado con pastor alsaciano y que también encontramos. Aquel vivió con nosotros un montón de años, murió ya mayor aunque no mucho. Coincidió con una intoxicación familiar global, 53 de 57 invitados a una boda afectados por una salmonela, llegué a tener 6 habitaciones en el Hospital de Nuestra Señora de Loreto… Eso es otra historia, con mucha chicha, que no creo que nunca pueda contar. A raíz de aquello, la insuficiencia respiratoria de Billy 2 se agravó y murió poco después, despacio, tranquilo, sin molestar, en su sitio, se durmió.

Al poco tiempo de casarnos, llegó el primero, y fue Billy tercero. Un cachorro precioso de Golden Retriever. Los comienzos como los de casi todos los cachorros, lloriquean, ensucian todo y son sobre todo amorosos. Después el dolor de boca, todo se muerde, de hecho las banquetas de la cocina nos recuerdan sus dientes cada día. Todo lo que lo enseñamos lo aprendía, un espectáculo. Cómo disfrutaba con todo, sobre todo en el mar. ¡Qué maravilla verle nadar! Cómo nos gustaba, y qué tonto era yo cuando protestaba porque olía a perro mojado, o cuando me manchaba de pelos los pantalones del traje. ¡Qué jilipollez!

Cómo le añoro, cuánto le echo de menos, y ¡Qué culpable me siento!

Cuando tenía Solamente seis años, nos preocupamos porque estaba triste, su pelo perdía brillo, y vomitaba. Lo triste es que como el coche desde siempre le mareó, pensábamos que era eso.¡Mierda! En verano, en Asturias se puso peor y pese a que lo cuidamos no mejoraba. Al llegar a Madrid una ecografía nos descubrió lo peor, un tumor más grande que una naranja de las gordas, y pegado a la aorta. Difícil, muy difícil. Se programó la operación.

Aquella mañana, camino de Colmenar Viejo, con mi perrito en el coche hecho unos zorros, tenía muy mala sensación. Le di un paseo, el último. Quería que hiciese pis. Me miraba, me preguntaba ¿qué pasa? ¿Qué hacemos tan lejos de casa? Yo no supe contestarle, pero mi cara me delataba. Le dejé allí, y me fui. Pensaba que un par de días después le iba a recoger y que todo volvería a ser igual. A medio día en casa de mi suegra comíamos, me llamó Paco, la operación había terminado, no podían quitarle el tumor entero, si en un par de días no comía debía llevarle a sacrificar.

¿Cómo iba yo a hacerle eso a mi amigo? ¿Me llevaba a mi perro a casa y si no comía lo llevaba para matarlo? Todavía estaba bajo la anestesia, teníamos media hora para tomar una decisión.¡Media hora!

Hablamos, discutimos, lloramos, sólo era el principio. Pensamos en todo, en él, en los niños que le adoraban…

De camino al trabajo, desde el coche llamé a Paco, me dijo que dormía la anestesia. Le dije con un hilo de voz que no se despertase, que no quería hacerle sufrir, que no tendría fuerzas a los dos días para llevarle a sacrificar.

Al colgar el teléfono, no había llegado a la glorieta de Bilbao y grité mientras lloraba, mucho, mucho rato, muchos días.

Dios mío, ¡cómo Duele!

Él debía sujetar alguna pieza de mi castillo de naipes, desde aquel día todo empezó a desmoronarse. Al poco tiempo el cáncer de papá, y todo lo malo.

Papá está bien gracias a Dios y a él mismo que es fuerte como el roble, y tengo una maravillosa familia que amo por encima de todo. Sueño con que el veterinario no me hizo caso, que sacó a Billy adelante y ahora otra familia disfruta de él.

Por todo esto pienso que ya debo dejarte ir, te llevaremos siempre en el corazón, amigo siempre.

“Cada vez que decimos adiós morimos un poco”, Solamente.

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17 comentarios
  1. juanma dijo:

    Yo también tengo una perrita , Clhoe, y te entiendo perfectamente.
    Hace un año la tuve que operar porque tenía embarazos psicológicos y podía derivar en tumores, teníamos decididos hasta los nombres de los futuros cachorros todos se llamarían como los personajes de la serie 24 (su nombre es de esta serie también) pero la que nos animó fue nuestra hija cuando nos dijo que no pasaba nada que ella tendría una y que nos dejaría poner los nombres. Ahora mismo está tumbada en su sitio es decir, en el sillón y en el regazo de Mónica.

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  2. Santirez dijo:

    Parece mentira como nos marcan estos fieles amiguitos que tanto nos dan a cambio de nada. Ayer operaron a Simba. La eutanasia era una alternativa (un mastín con tres patas…) En realidad llevababa bastante tiempo con tres patas, pues nunca apoyaba la mala y como corria!!. No se quejaba de nada, pero el coche que lo atropello le secciono el nervio radial y su herida nunca cicatrizaba. La operacion fue un exito. Tres horas despues fui a recogerle a la clinica, me recibió moviendo la cola, se bebio toda el agua que le dejamos y subió de un salto al coche. Hoy ya vuelve a correr.

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  3. Alfredo dijo:

    Dos veces he pasado por lo mismo. Espero que esté correteando feliz donde lo hacen Homer y Goose…

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  4. nieves dijo:

    Me has hecho llorar a base de bien. No creo que nadie deje de comprender lo que cuentas, al fin y al cabo un amigo es un amigo y si encima estos no nos dan ningún disgusto porque con ellos no hay malentendidos, sólo nos dan cariño, fidelidad, compañía, lealtad…. Ahora bien, después de haber sufrido una vez ese mal trago no quiero que se repita de nuevo, bueno a lo mejor si viviera en una casa de pueblo o en una casa con jardín…
    Deja que se vaya y descanse y vosotros también. Adelante.

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  5. Maripastel dijo:

    Es curioso, la primera vez que vi a Billy fue en vuestra casa. Abriste la puerta y allí estaba él, detrás de ti, porque ya estabas avisado por el tío Tito de que su recién estrenada novia tenía pánico a los perros. Y yo que vi a aquel perro grande y majestuoso mirándome curioso empecé a retroceder y sin darme cuenta llegue hasta la puerta del ascensor…
    Un par de años después repartisteis a los niños para disfrutar de una escapada merecida y al tío Tito y a mi nos tocó cuidar de Billy. Oye, que por la noche cuando nos sentábamos a ver la tele se ponía a mis pies ¿Sería porque le daba el final de los yogures?… Billy se hizo mi amigo y yo hoy ya no tengo pánico a los perros.
    Besos.

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    • Tito dijo:

      Yo también me llevé un disgustazo cuando se fue Billy2. Todavía ahora le recuerdo dando un paseo por el parque del Oeste, trepando por las tapias, corriendo tras las piñas como un galgo, con aquellas orejillas al viento. Aquellas siestas al sol de las tardes de invierno. Aquella mirada tierna de cejas inteligentes. Aquella lealtad inquebrantable, mucho mas allá de nuestro respeto.
      La única manera de dejarles ir es recordar porqué les queríamos, sus pequeñas y entrañables anécdotas.

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  6. patri dijo:

    Buffff! Solamente decirte que si era tu mejor amigo no era justo hacerle sufrir y aunque duela fue lo mejor! Besos

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  7. patri dijo:

    Buffff! Solamente decirte que si era tu mejor amigo no era justo hacerle sufrir y aunque duela fue lo mejor! No imaginas lo mal que se pasa sabiendo que no tiene esperanzas…. es alargar más la agonía por ambas partes. Besos

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  8. patri dijo:

    Buff solamente decirte que si era tu mejor amigo se merecía no sufrir!! Y aunque no sirva de mucho mi opinión creo que fue la mejor decisión que tomaste! claro que es difícil, pero peor es verle sufrir sin saber que no hay solución… La pena que me queda es que en ese momento no pude acompañaros!! Besos

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  9. Alicia dijo:

    Que triste tu historia. Yo también tenía una perrita hermosa, había sido de mi padre por mucho tiempo, y ya estaba viejita y pequeñita. Pase toda mi infancia jugando con ella, y mi padre nunca la dejaba salir a la calle, solo al patio. Recuerdo que una vez, cuando yo tenía 9 años, y habían venido unos amigos de la familia, la sacamos a la calle aunque sea solo por un momento, pero cuando volvimos ya no estaba, se había ido.
    Siempre pensé que, como dice el dicho ‘Si un perro se va, es porque significa que va a morir, y no quiere que los dueños lo vean en ese proceso’ , que se iba a morir. La buscamos por todas partes, pero luego de dos semanas dejamos de hacerlo, y aun tengo la esperanza de que vuelva correteando hacia mi para volver a jugar. Ya ha pasado muchos años, y todavía siento su presencia en mi hogar. Cuando quiera volver, volverá.

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    • Hola Alicia. Bienvenida a la Camisa de cuadros. Tuviste la suerte de no ver lo que no había que ver, y no sufrir la degradación del final. Mantén el recuerdo aquel, el del patio y lo paseos.

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