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Sobakillof

No me he podido resistir, creo que lo suyo es escribir sobre esto, porque no estaría siendo justo con el resto del pasaje ni conmigo mismo. Escribo esta entrada a 10.000 metros de altura y a 900 km por hora y ni así se va el tufo.

El vuelo va a tope, el avión es muy nuevo, asientos de cuero, cómodo y calentito… Vamos españoles de turismo a Rusia y rusos de vuelta a casa. He tenido suerte, porque me voy a ir aclimatando a los aromas del país, todo gracias a que me ha tocado detrás de Sobakillof. Es fantástico, me recuerda tanto a mi receta de los filetes rusos… No por la carne a la plancha, sino porque seguramente lleva toda la cebolla sujeta con ambos alerones.

En algunas ocasiones he escrito sobre la imagen, el cuidado y el aseo personal. Creo que son cualidades básicas y que todos debemos preocuparnos por ello. No se si es una cuestión de prioridades, de culturas, de falta de cuidado o de “cochinismo” galopante. Cierto es que hay que preservar la capa de ozono, pero desde hace años los desodorantes ya no llevan CFC.

Cuestión cultural no creo que sea, porque me pasó a 15.000 kilómetros de aquí, en Marrakech. Nuestro guía, no olía mal los primeros treinta minutos. Luego ese tufillo similar al almizcle va surgiendo, a medio día sabes ya cómo deben oler las babuchas de un tratante de camellos blancos después de ir andando de Casablanca a la plaza de Jemaa el Fna. Al llegar al hotel por la tarde, todo cambia y el pestazo se va con Mohamed hasta mañana.

Que nadie vea aquí ninguna traza de racismo, no soy racista, y Sobakillof es alto, rubio, con los ojos azules y muy poca memoria, porque ha perdido dos cebollas y no sabe dónde… ¡Oiga, aquí abajo! Yo se dónde están…

Ya en el avión, la diferencia del idioma es una barrera tremenda. La azafata, que es muy mona, repartiendo las comidas me ha dicho en perfecto ruso (supongo) que pescado o pescado, que se había acabado la carne. Y yo, no, fish no. Y ella vuelta al cirílico. Al final me ha dicho ¿Want to taste? (con acento de Minsk) y yo he pensado que o cogía la bandeja o me quedaba sin comer… Y aquí empieza lo bueno. Las bandejitas del avión son terribles, entiendo a todos los de Madrileños por el Mundo, “echo de menos la tortilla de patatas”

La bandeja lleva un primero, segundo, postre y taza para café. El primero lleva una hoja de lechuga que ocupa el 57% del cuenquito dos lonchas de salmón que se dejan comer y una cucharada de ensaladilla rusa ¡hey! De segundo, en una bandeja de albal sospechosa, con tapa del mismo material se esconde el fish rebozadowski flotandovich on verduritas. Me he dejado medio, ¡yo, que me comí la bota a medias con Chaplin! De postre, para arreglarlo, un trocito de tarta de… queseyoff sobre una masa de pan, menos mal que dan cuchillo porque si no, no la corta ni House. Todavía se me hace la boca agua de pensar en la comida, y gracias a la saliva que genero, creo que terminará de pasar eso que parecía pan.

¡Qué suerte! Están poniendo la calefacción, porque cada vez hace más calor y Sobakillof se anima. No estoy seguro, pero creo que delante de él se sienta Mofetaff. Creo que igual que en un avión no se me ocurre “echar el pestillo”, parece razonable pensar que por probabilidad esto no debería pasar, pero probabilidad no ha venido.

Cuatro horas y media de vuelo, llegando a Moscú. Modo off.

Hecha la escala, en el avión a San Petersburgo. Lo hemos hecho de cine mi compañero y yo. No hemos perdido a ninguno de los 53 del grupo. Un triunfo. Los rusos son muy secos, menos sonrisas que en un funeral y muchas rigideces. Así es la Gran Madre Rusia…

Como anécdota, esta mañana mientras facturaba todo el grupo, me he reencontrado con un compañero de clase del San Isidoro de Sevilla, hacía 20 años que no nos veíamos y la verdad es que hemos cambiado poco… Y allí que me voy a Rusia con Luis, como antes.

Estamos llegando a la Venecia del norte, tengo ganas de conocer la ciudad y de aprender algo más de esta gente tan seca. En el vuelo de San Petersburgo nos acaban de sorprender con un temtempié, lo llamaré así porque el croissant estaba tan tieso que me dejará de punta el resto de la tarde. Aquí hay dos horas más que en Madrid y creo que empezaremos a cenar dentro de otras dos.

Os mando una foto desde la ventanilla del avión. Quince minutos viendo los Alpes.

¡A disfrutar! Solamente.

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4 comentarios
  1. TTO dijo:

    Hacia mucho que no me reía tanto… El olor a filete ruso jajajaja
    Uno de los mejores posts que has hecho (este sí es con hache)

    Un abrazo y disfruta del viaje
    No nos dejes sin cronicas

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  2. nieves dijo:

    Está muy gracioso, me pasó lo mismo en el Alaris de Madrid a Alicante; era una pareja mayorceta y se conoce que esperaban asearse en el Mediterráneo. Me pasé todo el viaje con una pañuelo colgado debajo de las gafas, sobre la nariz porque era inaguantable y no era de cebolleta, era de ácido acético viejo. Puaff. Olvida el pestuzo y disfruta de lo mucho que tiene que ver esa gran ciudad y a la vuelta nos lo cuentas. Muchos besos

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