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Alí catalí catalí catalí

La canción realmente dice “Kalinka” y es una canción de amor, la traducción no está clara, pero la Kalinka es un tipo de baya similar a la cereza, rojita y dulce como una cereza, cerecita.

Al son de una de las melodías rusas más famosas, probamos una degustación de blinis. Los blinis son una especie de crep ó tortita fina y salada enrollada y rellena de queso, carne o pollo.
Es parte de la cena del primer día. Ha sido un día muy intenso, esta ciudad tiene mucho que enseñar, su riqueza cultural e histórica, sus amplias avenidas con sus magníficos palacios, su gastronomía y sus gentes. En todo el viaje estamos acompañados siempre por dos guías rusas, Arina y Eugenia, nombres difíciles para nosotros. Ellas nos amenizan todos los desplazamientos con explicaciones de historia de los últimos siglos, tan interesantes como convulsos. La época de los zares, su declive, la llegada del comunismo, Lenin, Stalin, la perestroika… Y sobre esto hay múltiples interpretaciones, tantas como una por ruso.

El museo Ermitage es impresionante. Aquí las dimensiones son otra cosa, las plazas tienen medidas de campos de fútbol reglamentario, y los palacios nada tienen que envidiar a los grandes palacios de la Europa del XVI. De hecho el Ermitage es tan grande porque es la suma de cinco palacios, y el palacio de verano de Catalina la Grande es mas grande aún. En el Museo Ermitage hay casi tres millones de piezas expuestas, de ellas casi uno es de piezas de numismática. Ellos disfrutan mucho de las obras de Rembrandth, Rafael, Leonardo, Van Gogh, Picasso, Matisse… Y un larguísimo etcétera de maravillosas piezas, grandes jarrones de jaspe, enormes pilas de malaquita y varios cuadros de Goya. La mayoría de las obras de El Greco de la colección del museo están ahora en el Prado, a ver si nos ponemos de acuerdo.

Almuerzo en el Sadko, un restaurante art nuveau donde hemos probado un excelente pollo a la Kiev. La receta es sencilla, es una especie de pollo empanado con mantequilla y eneldo, todo enrollado formando algo parecido a una croqueta. Ternera Stroganov, tiras de ternera cocida con cebolla, nata y champiñones. Aquí la historia tiene varios enfoques, unos dicen que hicieron la carne tiras para llegar a mas invitados con menos carne, otra que el Conde Stroganov era un tacaño y que partió la carne en tiras para gastar menos, pero la que me pega más es que parece ser que ya de mayor no tenía dientes y se la partían para que no le costase comer.

Después de comer fuimos a la Fortaleza, la iglesia de San Pedro y San Pablo. Allí están enterrados todos los Romanov, todos los que no acabaron enterrados en una fosa. Lo siento por Disney, pero los habitantes de San Petersburgo están convencidos de que Anastasia y su hermano hemofílico murieron asesinados aquella noche. Vuelta al autobús y nos dirigimos a la iglesia de San Isaac, paseo por la plaza y vuelta al hotel.

La cena ha sido en un restaurante muy moderno junto al río. Un menú excelente con Salmón y varias degustaciones de Vodka, con lo que la simpatía y la unidad del grupo estaban garantizadas.

El domingo se presenta interesante. Visita al palacio de Catalina la Grande, almuerzo y tiempo libre para compras, después cena en el Restaurante Academia.

Antes de subirme al autobús, he ido a buscar una farmacia, necesito crema de manos. Me he manejado estupendamente, he encontrado una Nivea de 108 rublos, ni tres euros. De camino al palacio nos cuentan la historia de su construcción, destrucción y reconstrucción. Al llegar, según bajamos del autobús una banda de música toca el himno nacional, en cuanto nos han visto ya saben que somos españoles y han comenzado a tocar. Después, un homenaje al Doctor Zhivago con el tema de Lara, precioso.

La visita al palacio de Catalina la Grande me ha impresionado, a parte de que de por si el propio palacio es espectacular, de que la decoración es magnífica, o de la maravillosa sala ámbar, lo que más impacta es la sensación de indefensión e impotencia que debió tener el pueblo ruso durante la reconstrucción después de la segunda guerra mundial. Las imágenes de como quedó el palacio de verano son terribles, cuánta destrucción, cuanto dolor y cuánta rabia. Consiguieron salvar pocas cosas, lo que pudieron evacuar y lo que nazis y comunistas no robaron. De un magnífico juego de cubiertos sólo salvaron los mangos de porcelana, la plata la fundieron y vendieron. Se llevaron cuadros, figuras y tapices, y quemaron y arrasaron salas enteras del palacio. Después de la dosis de realidad histórica, paseo por los jardines de la zarina y salida del grupo de camino al restaurante Podvoire, una gran casa de campo con las mejores comodidades de un gran local. Excelente cocina, ricos encurtidos, sopa borshoj y repollo con carne picada. Todo ello acompañado con vinos del país (que yo creí que los rusos no tenían vino) y vodka como para una boda, y de esto fue de lo único que no sobró en ninguna mesa.

Vuelta a San Petersburgo en el bus y parada en la Plaza de Bellas Artes para hacer compras. Hay una tienda elegante de buenos precios, Beluga. Después de mirar sin comprar, he decidido salir y volver andando al hotel, sólo.

Parece razonable, que para conocer una ciudad te mezcles entre sus gentes como uno más, y es algo que siempre me ha producido rechazo, por miedo a lo desconocido, pero he de ir superando obstáculos, rompiendo barreras. De mi paseo por la Avenida Nievsky de San Petersburgo, he sacado múltiples conclusiones. Que se puede pasar desapercibido sin problemas, que es fantástico viajar y que las rusas dan miedo. Las dos primeras se entienden fácilmente, sobre la tercera voy a hacer alguna aclaración, como pasando de puntillas, y sin que nadie se moleste. El porcentaje de rusa maciza por metro cuadrado de terreno es inverosímil, incalculable, insuperable e inabordable. Y hasta aquí quiero leer.

De vuelta al hotel, organizamos el grupo y a cenar. El restaurante es estupendo, tomamos trucha y unos entremeses fantásticos, de vuelta al hotel las calles están en plena ebullición, el Zenith de San Petersburgo acaba de proclamarse campeón de la liga de fútbol rusa. Los seguidores, cantan, beben, encienden bengalas y petardos, beben, chillan, beben y beben y vuelven a beber los rusos del Zenit. En la avenida hay cientos de coches de policía, el ejército, antidisturbios, seguramente presagian que la noche será movidita.

Para el último día hemos dejado la visita al Palacio de Yusupov el asesino de Rasputín. Contra la versión de Disney sobre el monje, en la película de dibujos animados Anastasia sobre la última Romanov, parece que la tozudez de la historia deja poco lugar a dudas. Rasputín era un asesor de la Zarina, un campesino con ciertos conocimientos y sobre todo grandes dotes para la manipulación. A la Zarina le venia muy bien, porque le ayudaba a gobernar y a tener anulado al Zar. Llegó a tener verdadera dependencia de él, tanto que se convirtió en un problema para los nobles, entre ellos Félix Yusupov, que junto otros cuatro organizó una conspiración para matar al asesor real. El asesinato fue una chapuza, falló el cianuro, las cuatro veces que le dispararon, y según la autopsia, falleció ahogado en el agua helada donde le habían arrojado. Un derastre.

Sobre otro hecho trágico se levanta la Iglesia de “San Salvador sobre la sangre derramada” del Zar Nicolás segundo. Sobre el lugar donde el monarca fue herido de muerte ahora se levanta una de las iglesias más impresionantes que he visto, a parte del colorido exterior y de sus espectaculares formas, en su interior alberga 7000 metros de mosaico.

De vuelta al hotel después de tiempo libre y compritas con regateo incluido, nos preparamos para la cena de gala a modo de despedida del grupo, la verdad es que la elección del local, el menú y la idea han sido excelentes, incluida la visita a las habitaciones secretas del palacio del Conde Stroganov que es donde está el restaurante Empire. Terminada la cena, en bus a un local para terminar la noche, aquí volvió a repetirse la regla sobre las mujeres de ese país y su proporción sobre las dimensiones en metros del garito.

Como despedida de la gran madre Rusia, hoy es 1 de mayo y en San Petersburgo celebran la fiesta del trabajo, en su mayoría trabajando, y otros forman una gran marea humana de múltiples colores. Conclusión, ya les gustaría a Toxo y a Méndez que hubiera en sus protestas políticas el 2% de la gente que sale a celebrar dl lujo del siglo XXI, tener un empleo.

Ahora termino esta crónica desde el avión, a 14.000 pies y esperando la cena. Sospecho, que la cena será fácil olvidar.

Lo sabía, Solamente.

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5 comentarios
  1. TTO dijo:

    Viajar es maravilloso.
    Enhorabuena por tu crónica.
    Qué uvas usan? No será tempranillof ni garnachova…

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  2. nieves dijo:

    Se me han puesto los dientes largos ante tanto lujo de detalles y tanto lujo ruso. A lo mejor, nos animamos cuando hagamos las bodas de oro. Lo has descrito estupendamente, y… ¿que uvas eran?

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