Anuncios

Sombrillas de colores

Creo que tengo dos o tres sombrillas de distintos formatos y colores. Además de que son muy incómodas de llevar, son fuente natural de conflictos y sinsabores. Además están sometidas a las reglas de la obsolescencia programada, más que los smartphones o los portátiles.

Las sombrillas han aportado mucho al mapa de las playas de España desde tiempos inmemoriales. Las hay de todos los tipos, colores y tamaños. Las hay de diseño, de publicidad, técnicas, mini tiendas, Jaimas y un sinfín de parasoles que taladran las arenas día a día.

El ciclo de una sombrilla es el siguiente, necesidad: necesito comprar una sombrilla, por los críos… Este pensamiento, lleva implícita una realidad, que es que queremos la sombrilla para escondernos nosotros debajo de ellas. Después de la fase de la necesidad, llega el momento de la elección, y aquí influyen tantas variables, como tonterías pensemos que puede hacer una sombrilla. Al llegar a la playa la primera vez, tercera fase, el montaje. Por definición, toda sombrilla es muy sencilla de montar, y teóricamente no debería requerir grandes conocimientos, salvo lo de clavarla, no todos saben meterla bien hasta el fondo.

SombrillasLa muerte de una sombrilla merece capítulo a parte. Primero se rompe la cinta que mantiene el parasol enrollado, y siempre lleva aparejada la siguiente frase: “pues sí que ha durado la mierda esta”. Pocos días después, la cinta que sirve para llevar la sombrilla al hombro metida en su funda, también se rompe, con el “¡qué porquería!” Y el consabido nudo con la cuerda que cierra la funda de la sombrilla. Salvo las sombrillas de decathlón, ninguna otra llevar reflejado la resistencia al viento, y después de perseguir en repetidas ocasiones la sombrilla mientras esta vuela como loca por la playa, cae la primera varilla y dos topes de plástico de la punta de la varilla. El final de la sombrilla está cerca, y seguramente no termine este verano.

Cuánto daño han hecho las sombrillas de la Mahou, todos hemos pensado que podríamos tener una, que aguantase tanto como aquellas. Ninguna empresa tiene tanta presencia de marca, como la Mahou en las playas, además, puedes observar la evolución del logotipo y los colores a lo largo de los años en una playa grande, como por ejemplo la de poniente en Benidorm.

Desde mi toalla puedo ver multitud de sombrillas, de todos los tamaños y colores. En las playas el ambiente es muy especial, juntando todo tipo de personas de cualquier signo y condición, sin vergüenzas ni reparos. A mi izquierda unos gitanillos se pelean por una bolsa de patatas vacía que llenan de agua una y otra vez. Unas alemanas, bellezas de Rubens, se impregnan de ese color rosáceo, que ningún mediterráneo puede conseguir.

Una chica distraída lee un libro en una tumbona de alquiler. El pelo recogido, gafas de estrella de cine, varios tatuajes y unos pechos perfectos en los que al principio no me fijé. El título del libro “pídeme lo que quieras”, lo que da pie al cachondeo y regocijo de propios y extraños, y ella tan contenta riéndose de nosotros y de Newton que era otro lelo.

La sombrilla prestada, incluye un marrón, una tocinada. Era un parasol chungo, de esos que en lugar de proteger del sol hacen efecto lupa, el pincho oxidado y retorcido, y un enganche que no engancha. No se en que cubo va, pero termina en el de “otros”

El verano es una fuente inagotable de noticias y chascarrillos simpáticos, aventurillas y hechos dignos de mención. Repito, lo que no me pase a mi…

Os cuento la historia de las chanclas de Carmen, anécdota solamente.

La noche del viernes, como otra cualquiera, confunde. Pasada la hora bruja, se me quedó la pequeña dormida en brazos mientras apuraba un Gin tonic más bien cutre y puesto con menos interés que la moción de censura de Rub Alkaba. Vuelta a casa, y al llegar descubro que Carmen va descalza.  Cosas que pasan, y unas chanclas no son gran cosa, pero en un momento de economía de bote de gel, ya me daba rabia. Pero sabía que por la mañana las encontraría. De camino a la playa, parada técnica, me bajo del coche y voy a buscar las chanclas de la niña. No lo he dicho antes pero estaban llenas de piedrecitas brillantes e hilos plateados, se las había traído su madre de unos ejercicios espirituales en Asilah, Marruecos. Modo cachondeo on.

Buscando por el paseo marítimo llego hasta una zona donde un mazas hace abdominales en un banco de esos, hecho para que nuestros mayores hagan ejercicio. Me ve y me dice:

– ¿Busca unas chanclas de niña?

– Si

– ¿Unas muy bonitas con piedrecitas? (Éste entiende)

– Si

– Se las acaba de llevar una señora mayor. Lleva un sombrero azul grande, como una pamela, va en bañador y lleva una bolsa de la compra. Le he dicho que las dejara ahí, que alguien volvería a buscarlas, pero me ha mandado callar con un gesto feo.

-¿Por donde se fué?

– En aquella dirección

– ¿Hace mucho?

– 5 ó 10 minutos

– ¡Muchas gracias! Me despido de él y comienzo a andar.

Pensaba yo, que una señora mayor sería fácil de alcanzar, pero el paseo de la Playa de San Juan es muy largo y tiene mucha densidad de tráfico humano. Llamo a mi mujer y le digo entre jadeos (iba medio corriendo) que tire, que me coja más adelante, no puedo explicarle más.

Sigo buscando, ahora voy corriendo yo, con mis chanclas Decathlon causando estupor entre los que hacen footing perfectamente pertrechados. Pensarán que estoy de la olla (bingo) ó que soy un fenómeno corriendo en choflas. Sigo corriendo, no la veo por ningún lado.

A lo lejos, una señora hurga en una papelera requisando un sinfín de bolsas de pipican. Se yergue y se pone una gran pamela azul. ¡Es ella!

– Perdone. (Jadeo again) ¿Ha encontrado unas chanclas de niña?

– ¿Como? me mira entre sorprendida y asustada.

– Unas chanclas de niña, con piedrecitas, plateadas…

– Si, aquí las tengo. Mientras me las da, se excusa, y yo no la escucho, estoy molesto con ella y con una heridita que me han hecho las chanclas en el pié derecho.

Contacto con Icíar en el coche que me recoge un par de kilómetros más allá.

¡Lo que no me pase a mi!

Enrosco mi sombrilla Tribord de resistencia 22 nudos y factor de protección solar  de más de 50, y abro una cerveza mientras que cuento mi aventura a dos de Tantos.

Veranito Solamente.

Anuncios
6 comentarios
  1. juanma dijo:

    Genial!!!, además me has recordado algo muy importante sobre las sombrillas.
    Hasta que me casé, pase todos mis veranos precisamente en San Juan y tengo grandísimos recuerdos de allí, uno de ellos es precisamente la sombrilla de mis padres (que estan allí ahora), una sombrilla roja de Coca Cola que no debía venir con la programacion de obsolescencia, pues aun vive, y me servía de faro cuando nos metíamos a jugar en el banco de arena y la corriente nos movía de sitio.
    Este año no iré pues quiero que mi madre descanse de verdad.
    Disfrútalo!!!

    Me gusta

    • Muchas gracias Juanma. Contaba con que alguien hablase de las de CocaCola, que también son geniales. Seguro que a tu madre le encantaría recibiros, disfrutan Solamente.

      Me gusta

  2. Loreto dijo:

    Inmejorable!!!!! con esa chispa, este humor, esa maña y esa pluma….. que diría José Luís Moreno en sus tiempos… Y yo añado: “el verano sin sombrilla y sin leer la camisa de cuadros no sería lo mismo…”

    Me gusta

  3. nieves dijo:

    Está tan bien descrito, que me has hecho sudar un rato mientras corrías detrás de esa viejarruta de azul. Yo de sombrillas entiendo poco, porque tengo un compañero que no es aficionado al sol y a la playa así que…. Tienes mucho salero muchacho. Muy divertido.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: