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Relatos cortos

Me llena de orgullo y satisfacción, eeeeh no. La Reina y yo, eeeeeh no. Nunca un año fue tan corto, tampoco. De las frases manidas no encuentro ninguna que me apetezca para empezar esta entrada, sobe todo en la que voy a hacer un resumen del primer año de mi blog.

La camisa de cuadros nació con la idea de compartir mis sensaciones, ideas y sentimientos. Nació con la necesidad de soltar tanto, y de compartir más. Con la intención de ser una ventana a mi, a mí solamente. En la primera entrada me quedé nuevo, y solté artillería contra la primera que se me cruzó, y me convertí en el azote de los malvados. Aunque era 10 de agosto de 2011 tuve mi propia noche de San Juan, aquella noche fue la primera de una serie, un punto de inflexión, el comienzo del cambio. Es cierto que el fuego purifica, en toda su extensión. Como si de este verano se tratase, el pasado fue muy convulso, y estábamos en plena pelea, con un gobierno en declive, y tratando de separar recordando las dos Españas, e incitando a la sociedad contra la visita del Papa. También es cierto que mi beligerancia era máxima, porque aún pensaba que había formas y formas de hacer las cosas, que había política con Mayúsculas y minúsculas. Mi sensación de ser un juguete roto me tenía muy abrumado, y a mí alrededor veía otros tantos.

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La chica de la mochila roja, con su pelo corto y su aspecto desaliñado se sienta cada día en el mismo lugar del autobús. Todas las mañanas, a la misma hora en el 39 va la chica de la mochila roja. Lee distraída un libro gordo, no se que es porque va forrado de periódico, lo cual indica que además de ávida lectora es muy cuidadosa con sus cosas. Al bajarme en Plaza de España, allí se queda ella, navegando en sueños por los renglones del libro.

Está muy avanzada, estamos en octubre y lleva casi más de medio libro. Entre sus pies, como siempre la mochila roja, impertérrita permanece en la misma posición siempre.

Es invierno, está nevando y se acerca la Navidad. Las luces de fiesta están apagadas y en las farolas se ve cómo cae la nieve. Los chavales cargan sus mochilas en los últimos días de clase del año, mientras se arrojan bolas de nieve que cogen de los parabrisas de los coches. Me paso de parada, me bajo en la primera de Gran Vía, y ella sigue ahí, leyendo su libro. Lleva unos guantes de esos sin dedos y su inseparable mochila roja.

A primeros de Marzo, nada cambia, el 39, la chica y su flequillo, la mochila roja y su libro en las manos, casi está terminando. Hay algo que no entiendo, si es una gran lectora está tardando demasiado en terminar ese libro, si es que lo está leyendo.

A finales de mes me ha llamado la atención algo nuevo, tiene el libro cerrado sobre su regazo, la mochila está abierta, me asomo pero no consigo ver nada. El mismo aspecto de siempre, la mirada distraída y cierto tic nervioso en un dedo.

Hoy es San Jorge Mártir, patrono de Inglaterra, en España se celebra el día del libro, y en algunas regiones hay costumbre de regalar libros y flores. He subido al 39 como cada día, estoy algo soñoliento. Avanzo por el autobús mecido por su traqueteo, llego a la altura de donde se sienta la chica de la mochila roja, ella no está. Bajo el asiento la mochila roja, está abierta. Me siento en el sitio de ella, bajo la mano, la meto en la mochila y me pincho con algo, es una rosa. Saco la flor, sigo hurgando. Al fondo de la mochila roja hay un libro grueso sin forrar, lo cojo y lo ojeo, el libro está en blanco, todas y cada una de sus hojas están en blanco, las tapas corresponden al libro El prisionero del cielo de Zafón. Lo dejo todo donde estaba, me bajo en Callao, me he pasado de largo.

Matías Prats da las noticias, después de contarnos las penurias de nuestra maltrecha economía, los desastres de Siria y el pulso electoral francés, comienzan las noticias de social. He reconocido su flequillo y su aspecto desaliñado enseguida, me ha impresionado mucho la escena. Al parecer una chica se distrajo al bajar del 39 y un taxi la arrolló. Un portavoz del Samur informa de que nada pudo hacerse por salvar su vida.

La medicina no es una ciencia exacta. Lo siento, por mucho que los médicos intenten demostrarlo, no lo es. Que ayuda, cierto, ayuda. Que cura, cierto, cura. Que salva vidas, cierto, las salva. Pero que en plazos es inexacta, lo es. Que en algunos diagnósticos yerra, yerra. Vamos que falla.

A principios de los ochenta, hace casi treinta años, José apareció una mañana en su baño sobre un charco de sangre. El líquido vital es extremadamente escandaloso y produce un efecto de pánico total. María gritó y llamó a urgencias. Un susto de los de primera división.

María y José se habían casado a mediados de los sesenta y tienen dos hijas. Él es un industrial especializado en el sector de la metalurgia y ella es maestra, profesora de niños con necesidades especiales. El es atlético y elegante y ella es muy española, siempre me recuerda a aquella mujer morena que pintaba Julio Romero de Torres, sobria, regia y cercana.

Gracias a Tomás un profesional sanitario muy conocido en la ciudad y el único hermano de María, consiguieron que le ingresaran en la Cruz Roja. Allí le debieron hacer una reconstrucción interna fantástica, genial. Allí perdió parte de su autonomía, algunos años, y varios metros de intestino. Los médicos, y de ahí viene el error, dijeron que duraría poco, que tal y cual. Críticas y juicios de valor, con relativo poco fundamento, más que el obtenido por alguien que ha visto las tripas del problema.

Desde siempre, haciendo un símil entre la vida y el pinball, hemos dicho que le habían dado la bola extra. La bola extra dura lo que dura, normalmente poco y con el diagnóstico médico, deberíamos haber enterrado a José hace más de veinte años.

Pero cuando la vida pega, sacude, y lo hace con tanta fuerza que si no tienes una carrocería resistente, siniestro total. Pasados quince años del primer evento, un virus desconocido le paralizó de cintura para abajo. Nuevamente los médicos dijeron que no volvería a ponerse de pié, que no podría andar. Nuevamente se equivocaron. José es “independiente” gracias a su fuerza de voluntad y a un andador que le permite apoyarse y caminar con la seguridad que le falta a sus piernas.

Hoy él tiene ochenta y pocos, sólo el lo sabe. La elegancia y la coquetería han hecho que nunca se hable de su edad, y que no celebre su cumpleaños, que yo creo que debería celebrar en la fecha de la bola extra. Le felicitamos por San José.

Lee a diario las noticias en internet y en papel. Está informado de la economía, de la historia, de la política, de la sociedad, de todo lo que sea interesante. Cada mañana José se levanta pensando que va volver a caminar, y eso le mantiene vivo y fuerte. Este verano acudió a renovar el carnet de conducir, porque está convencido de que enseguida volverá a hacer rugir su descapotable. El coche está como él, impecable, con cierto olor antiguo pero con todo el encanto de las cosas buenas, de las cosas con clase.

Para todos los que le conocemos es un ejemplo, al principio pensábamos que había hecho un pacto con el diablo, y que éste guardaba la bola extra. Sabemos que no es así, que es su fuerza, su fe, sus ganas de vivir las que le permiten seguir adelante día a día.

Cuando las cosas se ponen mal, además de esa fuerza increíble, está siempre detrás de él María. Ella comparte y le da soporte a diario. En su simbiosis, son absolutamente dependientes, y eso es maravillosos.

Es una breve semblanza de cómo la ilusión y la fuerza de el, y el amor y la generosidad de ella han destrozado el peor pronóstico médico. Es un ejemplo vivo de la fuerza, la lucha interior y el espíritu de supervivencia.

Vida Solamente.

Como se que muchos pensábais que quizá era un nuevo formato de timo, o que quizá después del viaje le iban a pedir a Rossi unos miles de euros por recuperar el cuadrito…

Por esto y más cosas quiero contaros que el pasado sábado por la mañana los Rossi y Paolo Tozzi se encontraron en un hotel de Firenzze. Mientras tomaban un té roiboss con miel de naranja, los nervios y la emoción les impidió ver que un hombre pequeño, con gafitas redondas y pelo canoso recogido en una coleta les observaba.

Paolo saludó cortesmente a los Rossi y tras charlar un rato les entregó el cuadrito que él mismo había ordenado enmarcar. Muchos recuerdos y emociones, agradecimiento e ilusión. Paolo no quiso aceptar ningún tipo de compensación económica, incluso regaló a Luigi un libro de 1.500 que había comprado para él en una tienda de viejo de Verona.

Por muy increíble que resulte, por mucho que os extrañe, hay gente así.

Repito, generosidad Solamente.

Casi sin darnos cuenta la vida va pasando, casi sin darnos cuenta. Casi sin darnos cuenta termina el domingo, casi sin darnos cuenta llega el lunes. “Papá mañana hay cole?” Si, “y por qué no pasa tan rápido el cole como el fin de semana?” yo no tengo la respuesta, al menos no la buena.

De esas historias bonitas que nos emocionan, de esas que nos hacen sonreír, de esas que nos hacen pensar y sentir que hay un mundo mejor, de esas historias viene este relato. Voy a omitir, deliberadamente, los nombres de los intervinientes, porque esta historia está basada en hechos reales.

Madrid. Noviembre de 2011. Son las 10 de la noche, ha sido un día muy duro y por fin en casa.

Luigi saluda en casa, un beso casto a su mujer mientras afloja el nudo de la corbata. La vida le ha ido bien, nadie le ha regalado nada, es de esos pocos que ha llegado, un empresario de éxito, alguien popular, conocido por cosas buenas. Mientras coloca con cuidado el traje super 150’s en el galán de noche, su mujer entra en la habitación y le tiende una nota. Una llamada de Firenze.

No es nada extraño, a diario habla con medio mundo y sobre todo con Italia, la patria de sus antepasados y de donde viene su apellido Rossi. Luigi vive en España desde casi siempre, hasta los 8 años vivió fuera con sus padres, papá Giuseppe trabajaba en la Embajada italiana. Gracias a sus primeras experiencias internacionales, Luigi habla 4 idiomas y tiene ese mundo que da viajar y conocer más culturas.

Ahora a sus 53 es muy español, aunque Italia va en su nombre, en su sangre y en su alma. La persona que había llamado había dejado un teléfono y un nombre, además había dejado un mensaje críptico, “tenía algo que le interesaba”.

El teléfono da un tono, dos, tres.. ¡Pronto!

Luigi y Paolo Tozzi hablan durante casi una hora. Paolo es un electricista que vive en Firenze en una pequeña casa que el mismo describe como mínima diciendo: “Mi casa es tan pequeña que al abrir la puerta allí termina”, gran aficionado a la fotografía y a los mercadillos de viejo. Es una persona humilde y de buen corazón y a su entender parece haber encontrado algo que gustará a Luigi. Le pide una dirección de correo electrónico, quiere enviarle una fotografía, la imagen de un bello regalo.

Pasado el rato, la Blackberry se ilumina, nuevo correo electrónico. En la pantallita no se ve bien, pero hay algo en esa imagen, algo que le hace un nudo en el estómago, se apresura a encender el portátil, ¡No puede ser!

Mayo de 1962, Liceo Italiano en Madrid

¡Y el ganador es!  Los nervios del primer concurso, estaba presente el Embajador de Italia en España, y aunque sabía que podía ser el elegido, aquellos segundos se hicieron interminables… ¡Luigi Rossi!  feliz y tembloroso como un chico de 14 años, Luigi avanzó por el salón de actos del Liceo, entre los aplausos y los vítores de los compañeros. Su pintura había ganado el concurso y recibió el diploma de manos del Embajador. Una semana después le pusieron un marco a su cuadrito y lo colgaron en una pared de la Embajada. Allí estuvo y allí se quedó, o eso creía el…

Los recuerdos de aquellos años se apelotonan en su cabeza, el recuerdo de papá y mamá, la casa bulliciosa con sus hermanos… Nostalgia e ilusión a partes iguales, cariño y emoción.

¡Guarda amore! Emocionado Luigi llama a su mujer que le acompaña al salón, le muestra la fotografía de aquel cuadrito que pintó cuando tenía catorce, y que ahora, tenía para él un electricista aficionado a la fotografía, y nada menos que ¡en Firenze!.

Ese chico que llamó desde Firenze, ¡tiene mi cuadrito! Es increíble, no alcanzo a comprender cómo ha llegado hasta allí. Quiere regalármelo, quiere mandármelo a casa. Es una representación de i Garibaldini, los valientes que liberaron Italia de los austríacos y alemanes hacia la unidad nacional.

El teléfono da un tono, dos, tres.. ¡Pronto!  ¡Paolo, caro amico!  Hablan durante un rato largo, le cuenta cómo encontró el cuadrito en una tienda de antigüedades, el anticuario lo compró en un mercadillo itinerante de antigüedades, uno de esos que recorren toda la península de la bota.

Iremos a conocer a Paolo, y a tratar de averiguar cómo de las paredes de la Embajada de Madrid llegó al mercadillo itinerante. Y cómo alguien ha estado cuidando de mi cuadrito más de 40 años…

Este viernes los Rossi viajan a Italia, a Firenze, a recoger su regalo. Se que mañana la emoción les impedirá dormir, es bonito y emocionante el reencuentro con el pasado. Es magnífico encontrar gente que se molesta en encontrarte, en hacernos feliz sin pedir nada a cambio.

En fin, generosidad Solamente.

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